Celebrada del 2 al 5 de junio de 2026 en Barcelona, Expoquimia volvió a reunir a empresas, centros tecnológicos y profesionales de referencia de la industria química y de la instrumentación de proceso.
La edición confirmó una transformación que lleva años desarrollándose: el analizador de agua está dejando de ser un simple equipo de medición para convertirse en una plataforma inteligente, conectada y cada vez más autónoma.
Durante la feria se presentaron soluciones destinadas al análisis de agua potable, aguas residuales, procesos industriales y monitorización medioambiental. Todas ellas compartían unos objetivos comunes: mejorar la precisión de las mediciones, reducir las intervenciones de mantenimiento y facilitar la integración de los instrumentos en entornos industriales cada vez más digitalizados.
Sin embargo, detrás de los sensores, la electrónica y el software existe otro elemento determinante para el funcionamiento de estos equipos: el micromovimiento en los analizadores de agua.
Fabricantes de referencia como ABB, Hach, ProMinent, Endress+Hauser, Metrohm, Xylem o Bürkert continúan desarrollando instrumentos más inteligentes, capaces de comunicarse con el resto de la planta y proporcionar información útil para optimizar los procesos.
El sector avanza hacia analizadores que combinan medición, automatización, conectividad y capacidad de diagnóstico.
Los analizadores de agua ya no se diseñan únicamente para medir parámetros como el pH, el cloro libre, la conductividad, la turbidez o el oxígeno disuelto.
Los instrumentos actuales también deben ser capaces de:
Esta evolución está transformando tanto la arquitectura electrónica como el diseño mecánico de los equipos.
Para que un analizador pueda funcionar de manera autónoma durante largos periodos, cada operación interna debe ejecutarse con precisión, estabilidad y repetibilidad.
Existe un aspecto del que se habla mucho menos, pero que resulta decisivo para garantizar la calidad de una medición: el movimiento de precisión que se produce en el interior del instrumento.
En un analizador automático, pequeños desplazamientos intervienen constantemente para dosificar reactivos, accionar válvulas, desplazar jeringas de precisión, posicionar componentes ópticos, limpiar las celdas de medida, renovar las muestras o ejecutar ciclos de calibración.
En otras palabras, un analizador no solo mide. También se mueve.
La precisión, la repetibilidad y la estabilidad de estos movimientos influyen directamente en la calidad del resultado analítico.
El funcionamiento de un analizador puede requerir la ejecución coordinada de numerosas operaciones mecánicas.
Un mecanismo puede tener que desplazar una cantidad determinada de reactivo, accionar una válvula durante un tiempo concreto o colocar un componente óptico exactamente en la misma posición antes de cada medición.
Estas operaciones pueden parecer secundarias frente al sensor o al software, pero cualquier desviación puede afectar a la estabilidad del proceso.
Cuando se trabaja con volúmenes muy pequeños, una variación mínima en la dosificación, el recorrido o la posición puede modificar el resultado final.
En determinadas aplicaciones analíticas, cada microlitro puede influir en la calidad de la medición.
Por este motivo, no basta con que un mecanismo alcance una posición una sola vez. Debe ser capaz de repetir el mismo micromovimiento en analizadores de agua durante cientos de miles de ciclos y mantener un comportamiento estable a lo largo de la vida útil del instrumento.
Esta repetibilidad resulta especialmente importante en operaciones como:
El rendimiento analítico depende, por tanto, tanto de la precisión del sensor como de la fiabilidad de los mecanismos que preparan y gestionan cada medición.
Durante décadas, muchas de estas funciones se han resuelto mediante bombas peristálticas, motores paso a paso y solenoides. Estas tecnologías continúan siendo válidas y necesarias en numerosas aplicaciones.
Sin embargo, la demanda de instrumentos más compactos, silenciosos, eficientes y precisos está impulsando nuevas arquitecturas de movimiento.
En este contexto, la microactuación en instrumentación analítica está despertando un interés creciente entre los fabricantes de equipos.
Gracias a sus dimensiones compactas y a su capacidad para ejecutar desplazamientos lineales controlados, los microactuadores pueden integrarse en mecanismos donde el espacio disponible es limitado.
Estas soluciones permiten controlar funciones de dosificación, posicionamiento y accionamiento sin aumentar innecesariamente el volumen del instrumento.
La compactación resulta especialmente relevante en la nueva generación de analizadores, en la que sensores, circuitos electrónicos, sistemas de comunicación, depósitos, válvulas y mecanismos deben convivir dentro de arquitecturas cada vez más reducidas.
La utilización de sistemas de movimiento adaptados específicamente a cada aplicación puede contribuir a reducir el número de componentes sometidos a desgaste y disminuir las necesidades de mantenimiento.
También puede facilitar el desarrollo de mecanismos más sencillos, silenciosos y fáciles de integrar.
Para los fabricantes de instrumentación analítica, el objetivo no es únicamente conseguir un movimiento preciso. Ese movimiento debe mantenerse estable durante miles de ciclos, soportar las condiciones reales de funcionamiento y conservar sus prestaciones durante toda la vida útil prevista del equipo.
Otra de las grandes tendencias observadas en Expoquimia 2026 fue la creciente importancia de la electrónica y las comunicaciones industriales.
Los analizadores actuales incorporan funciones de autodiagnóstico, registro histórico de eventos, supervisión remota y mantenimiento predictivo.
Protocolos como Ethernet/IP, PROFINET, Modbus TCP o HART, junto con plataformas IIoT, permiten integrar los instrumentos directamente en sistemas SCADA y plataformas de gestión de activos.
Esta conectividad transforma el propio concepto de analizador.
El equipo deja de funcionar como un instrumento aislado y se convierte en un nodo inteligente dentro de la planta, capaz de comunicar su estado, anticipar incidencias y proporcionar datos útiles para optimizar los procesos.
La información registrada también permite supervisar el consumo de reactivos y consumibles, detectar desviaciones y planificar las intervenciones de mantenimiento.
La inteligencia del software solo desarrolla todo su potencial cuando está acompañada de una mecánica igualmente fiable.
Un algoritmo puede detectar una desviación de caudal, una pérdida de precisión o un comportamiento anómalo. Sin embargo, el rendimiento final del analizador continuará dependiendo de la estabilidad del mecanismo que ejecuta cada operación.
Por este motivo, los fabricantes prestan cada vez más atención al diseño de los mecanismos internos y buscan soluciones que ofrezcan:
La digitalización del instrumento no sustituye la precisión mecánica. La hace todavía más necesaria.
En REGNER colaboramos con fabricantes OEM en el desarrollo de soluciones de movimiento adaptadas a los requisitos mecánicos, funcionales y de integración de cada aplicación.
Nuestra experiencia abarca desde la definición inicial del sistema y el desarrollo de prototipos hasta la validación, industrialización y producción en serie.
Desde esta perspectiva, REGNER no desarrolla únicamente actuadores eléctricos. La compañía diseña soluciones de movimiento concebidas para integrarse en instrumentos donde la precisión mecánica resulta tan importante como la precisión del propio sensor.
Estas soluciones pueden intervenir en funciones de dosificación, posicionamiento, ajuste y accionamiento, ofreciendo a los fabricantes de instrumentación analítica una alternativa compacta y flexible.
El objetivo es conseguir que cada movimiento se ejecute de manera controlada, repetible y estable, incluso cuando el instrumento debe funcionar durante largos periodos sin mantenimiento.
Las soluciones de microactuación resultan especialmente interesantes en analizadores cuya estabilidad depende de la precisión con la que se realizan operaciones como:
En estas aplicaciones, la fiabilidad del movimiento condiciona directamente el rendimiento del equipo y la estabilidad de sus resultados.
La microactuación amplía las posibilidades disponibles para los fabricantes de equipos originales u OEM.
Cada aplicación presenta requisitos diferentes de recorrido, velocidad, fuerza, tamaño, consumo, repetibilidad y vida útil. Por ello, la arquitectura de movimiento debe definirse en función de las necesidades reales del instrumento.
Trabajar la integración desde las primeras fases del proyecto permite adaptar la solución al espacio disponible, simplificar el mecanismo y reducir riesgos durante la industrialización.
El sistema de movimiento deja así de ser un componente añadido al final del desarrollo y pasa a formar parte de la arquitectura funcional del equipo.
Durante años, la innovación en el análisis de agua se ha asociado principalmente al desarrollo de sensores más precisos y algoritmos cada vez más sofisticados.
La próxima generación de instrumentos incorporará un tercer elemento decisivo: sistemas de movimiento capaces de ofrecer el mismo nivel de precisión, estabilidad y fiabilidad que exige la propia medición.
Los analizadores continuarán evolucionando hacia equipos más compactos, conectados y autónomos. Sin embargo, la calidad de sus resultados seguirá dependiendo de que cada muestra, cada reactivo y cada movimiento se gestionen correctamente.
Porque la exactitud de un analizador no depende únicamente de lo que es capaz de detectar, sino también de cómo se mueve para conseguirlo.